
Toshiyasu Nakamura (n. 1975, prefectura de Fukuoka, Japón) es un artista del vidrio cuya obra representa una interpretación contemporánea del cristal kiriko, la milenaria tradición japonesa de vidrio tallado.
Formado en artes plásticas y especializado en técnicas de vidrio —incluyendo trabajo con soplete, arenado en caliente y horneado— Nakamura encontró en el kiriko su medio principal de expresión. Antes de centrarse en el tallado, su experiencia abarcó diversas formas del vidrio, lo que le dio una base técnica amplia sobre la que desarrollar su estilo actual.
Su trabajo fusiona la precisión del kiriko tradicional con una sensibilidad moderna, logrando piezas en las que los patrones tallados no son solo decorativos, sino que activan la luz y el espacio a su alrededor. La transparencia del vidrio se combina con cortes rítmicos y composición elegante, dando lugar a obras que generan una experiencia visual dinámica: la luz entra, se refracta y se transforma según el ángulo de observación.
Nakamura ha trasladado este enfoque más allá de objetos utilitarios para proponer piezas que conectan lo clásico con lo contemporáneo. Su obra ha sido mostrada en exposiciones destacadas como “Voyage of Light”, donde se reúnen numerosas creaciones de kiriko que expresan la interacción entre luz y sombra propia de su trabajo.
Asimismo, su sensibilidad artesanal ha sido reconocida fuera del mundo del arte: en 2017 fue invitado a diseñar detalles interiores inspirados en el kiriko para el lanzamiento del Lexus LS500h en el Geneva Motor Show, una colaboración que llevó los patrones tallados japoneses a un objeto de diseño industrial.
En palabras del propio Nakamura, su aspiración es transmitir la alegría y el asombro que él siente por el vidrio a través de sus piezas, invitando al espectador a contemplar cómo la luz y el material se encuentran y reinventan constantemente.
La obra de Toshiyasu Nakamura se inscribe en una tradición que hunde sus raíces en el Japón del periodo Edo, cuando las técnicas de vidrio tallado llegadas desde Europa —a través de Nagasaki y el puerto de Dejima— fueron asimiladas y transformadas por los artesanos locales, dando origen al cristal kiriko. De esa historia compartida surgieron dos grandes sensibilidades: el Edo kiriko, desarrollado en Tokio, con vidrio transparente y tallas finas pensadas para el uso cotidiano, y el Satsuma kiriko, nacido en Kagoshima como una artesanía de lujo, caracterizada por colores intensos y profundas gradaciones cromáticas. Desde el presente, Nakamura dialoga con este legado sin reproducirlo literalmente: retoma la precisión técnica, el respeto por la luz y el tiempo del gesto, y los proyecta hacia una estética contemporánea, demostrando que el kiriko no es una tradición estática, sino un lenguaje vivo en constante transformación.




















