Paisaje es un proyecto de vajilla contemporánea que explora la integración del vidrio artístico en piezas cerámicas utilitarias. La colección fue desarrollada por la ceramista Eva M. Aguilar Fernández y realizada en colaboración con Agapurni, el taller de vidrio formado por Patricia Naranjo y Andrés Belloví, especialistas en vidrio soplado de Murano.
El proyecto investiga los límites técnicos y expresivos entre ambos materiales, proponiendo piezas que se sitúan entre el objeto funcional y la obra artística, y que convierten la mesa en un espacio de experiencia.
Entrevista a Eva M. Aguilar Fernández
¿Qué te motivó a explorar la unión entre cerámica y vidrio en una vajilla, y qué aporta esta combinación al acto de comer?
Me interesaba investigar los límites técnicos y expresivos de la cerámica. La combinación con vidrio me permitía generar contraste y, al mismo tiempo, armonía. La cerámica tiene algo terrenal, denso, mientras que el vidrio introduce luz, brillo y una fragilidad controlada.
Al incorporar vidrio no solo sumamos otro material, también se amplían las posibilidades visuales y simbólicas de la pieza. Aparecen el brillo, la profundidad y el contraste, y eso enriquece el acto de comer desde un lugar sensorial. No es solo una cuestión estética: el objeto crea una atmósfera.
En tu proyecto hablás de “activar el paisaje” y de la transformación de la tierra y el agua. ¿Cómo se vuelve visible esa idea en cada pieza?
Esa transformación está presente desde el propio proceso. En la elección del gres, en los esmaltes y en la cocción aparece siempre esa tensión entre lo sólido y lo fluido.
El vidrio llega cuando la cerámica ya está cocida y estable. Hay una diferencia de temperatura forzada: el vidrio fluye y la cerámica lo recibe sin alterarse. Es un encuentro llevado al límite, donde cada material conserva su identidad. Ahí se activa la idea de paisaje: la cerámica como tierra y el vidrio como agua. No es un paisaje literal, sino una geografía simbólica.
Las piezas se mueven entre lo artístico y lo utilitario. ¿Cómo trabajaste ese equilibrio y qué te interesa que sienta quien las usa?
No fue sencillo. No es una vajilla convencional y eso implica asumir ciertos límites. Está pensada para espacios que valoran lo singular y lo artesanal.
Buscaba que los platos tuvieran presencia propia, que ayudaran a contar algo. Para mí, la mesa es un escenario donde no solo se sirve comida, sino también historia, identidad y cultura. Me interesa que quien use estas piezas sienta que hay una intención detrás, que generen una pausa, una pequeña emoción.
Entrevista a Agapurni
Patricia Naranjo y Andrés Belloví
¿Cuál fue el mayor desafío técnico al soplar vidrio directamente sobre cerámica y qué aprendizajes surgieron del proceso?
El principal desafío fue encontrar cómo y cuánto calentar la cerámica para evitar el choque térmico y que el vidrio rompiera. Aprendimos que la cerámica tiene una gran capacidad de retención de calor, lo que impide que el vidrio se enfríe demasiado rápido. Eso da el tiempo necesario para terminar la pieza e introducirla en el horno sin roturas.
El vidrio de Murano tiene un fuerte componente estético y emocional. ¿Qué los atrae de este material y por qué lo eligen para piezas contemporáneas?
Para nosotros el vidrio es la materia plástica por excelencia. Nos permite crear volúmenes con transparencia y color, y el vidrio de Murano ofrece una variedad cromática muy amplia.
Por eso lo incorporamos a nuestra obra contemporánea: es un material con tradición, pero totalmente vigente para seguir explorando nuevas formas y lenguajes.
¿Cómo ven la colaboración con artistas de otros medios, como la cerámica, y qué posibilidades abre para el vidrio en el arte y el diseño?
Colaborar con otros artistas siempre es enriquecedor, especialmente cuando se trata de medios distintos. Creemos que el vidrio y la cerámica han ido históricamente en paralelo y que pocas veces se han cruzado.
Ambos materiales son completos por sí mismos, no se necesitan, pero cuando se juntan ofrecen un “extra”. Ese cruce abre un largo camino de experimentación conjunta tanto en el arte como en el diseño.
Paisaje plantea un cruce preciso entre cerámica y vidrio donde ninguno de los materiales ocupa un rol secundario. El vidrio, incorporado directamente sobre la pieza cerámica, introduce luz, color y fluidez, ampliando las posibilidades expresivas del objeto utilitario.
El proyecto pone en valor la colaboración entre disciplinas y demuestra cómo el vidrio artístico, en diálogo con otros materiales, puede abrir nuevos territorios de experimentación dentro del diseño y el arte contemporáneo. En estas piezas, el acto de comer se transforma en una experiencia donde la materia, el proceso y el uso se encuentran.









