
El vidrio de Murano continúa dialogando con el diseño contemporáneo a través de nuevas colaboraciones entre diseñadores y artesanos. Un ejemplo reciente es Good Girl Murano, una edición especial desarrollada en el marco del décimo aniversario de la fragancia Good Girl de la firma Carolina Herrera.
En esta ocasión, el icónico frasco en forma de zapato fue reinterpretado como una pieza de vidrio soplado, trasladando un objeto conocido de la perfumería al territorio del diseño en vidrio y la artesanía artística.
Tradición muranesa y trabajo colectivo
Como ocurre en gran parte de la producción del vidrio de Murano, el proyecto se desarrolló de forma colaborativa en el taller. En el proceso participó la artista del vidrio Ash Polzer, mientras que el maestro muranés Luigi Varagnolo realizó algunos de los delicados detalles ornamentales. Esta dinámica de trabajo, característica de la tradición muranesa, pone en valor el diálogo entre diseño contemporáneo y saber artesanal.
Mujeres en el diseño del vidrio
La pieza se inscribe en la iniciativa Women in the Arts impulsada por Carolina Herrera, que busca visibilizar el trabajo de mujeres creadoras. En este contexto, la propuesta de Massari refleja también un cambio significativo en el panorama del diseño en vidrio, donde cada vez más mujeres participan activamente en un campo históricamente dominado por hombres.
Más allá de su origen en el universo de la perfumería, el proyecto demuestra cómo el vidrio de Murano sigue siendo un material capaz de reinterpretar objetos contemporáneos desde la tradición artesanal y el diseño actual.
El vidrio como protagonista del diseño
La pieza fue concebida por la diseñadora veneciana Lucia Massari, quien trabajó junto a artesanos de Murano para trasladar esta silueta icónica al lenguaje del vidrio soplado. Para ello se eligió vidrio de borosilicato, un material ligero y resistente que permite resolver formas complejas con gran precisión técnica. El resultado es un objeto en azul translúcido que destaca la pureza del material y acentúa su dimensión escultórica, donde el vidrio —más que el contenido— se convierte en el verdadero protagonista del diseño.










