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Kitengela Hot Glass, el paraíso del vidrio en la selva africana

Por 13 septiembre, 2021septiembre 15th, 2021Sin Comentarios

"El vidrio es Magia, simplemente. Y que podamos tocar esa magia todos los días es simplemente asombroso."

A fuerza de pasión, Anselm Croze creó una comunidad de vidrio soplado en las llanuras de Nairobi, Kenia. 

Su familia proviene de Alemania, sus padres – una artista y un científico- llegaron al este de África para estudiar la vida animal y se instalaron de manera definitiva en los años 70.

Muchos años después, la empresa familiar y comunitaria, Kitengela Hot Glass recolecta y recicla vidrio de toda Kenia y vende sus producciones de soplado de vidrio, iluminación, metal, alfarería, dalle de verre, abalorios y utilitarios en sus talleres y en tiendas minoristas en África Oriental. 

El taller está ubicado en el borde del desierto de Kenia, a 50 minutos del centro de Nairobi y brinda trabajo a los locales a quienes también asisten en la lectoescritura y etc. Viven en un entorno natural, rodeados de animales domésticos y un poco más exóticos. La mascota de Kitengela, para empezar, es la mascota del clan, un buitre egipcio, pero también hay cerdos gigantes y mini, camellos, caballos, mulas y burros, avestruces, perros, monos, jirafas. Al estar al costado de un parque natural, suelen tomar contacto con algún que otro animal salvaje como leopardos, hienas, leones, y sin olvidar a las pitones de río que se alimentan de las aves de corral.

Todo en Kitengela parece haber salido de la tierra y además de la vegetación y los animales, pueden verse esculturas naturales. Hoy es un punto destacado para turistas y locales, cuenta con una cafetería y los visitantes pueden disfrutar del jardín y alojarse en las cabañas del lugar. 

La principal materia prima con la que trabajan, el vidrio de ventana, proviene de la industria de la construcción local.

Funden 150 kg de vidrio de desecho al día.

Han convertido más de 2,000,000 kilos de descarte de vidrio en objetos decorativos, utilitarios y artísticos a lo largo de los años. Esto es, 330 toneladas de CO2 ahorradas hasta ahora. (por cada 6 toneladas de vidrio reciclado utilizado, se reduce 1 tonelada de dióxido de carbono ).

Entrevista

Anselm, viviste en Serengueti, Kenia, Kitengela. ¿Cómo fueron los primeros años?

Primero en el mágico Serengueti, el parque natural del que aún conservo recuerdos de sonidos de animales que nos despertaban todo un mundo de fantasía. A los cuatro años, fuimos a Kenia, a Limuru, los campos de té de las tierras altas  con sus ondulantes paisajes verdes y solíamos jugar en las casas de los árboles y en los túneles debajo de los arbustos de té.

Mi habitación era un autobús de dos pisos y de joven me dediqué a la electrónica y leía mucho, con avidez. 

Nos mudamos a Kitengela en 1979, un entorno mucho más seco y llevábamos un estilo de vida bastante hippie en cabañas que nosotros mismos, bueno, nuestros padres, construyeron. 

En cierto momento decidí ir a un internado en Inglaterra, principalmente para escapar de las peleas de mis padres (que se divorciaron poco después), pero también porque salir a otro país me abría a lo desconocido. Fue una decisión difícil, yo era un niño africano en un mundo extraño y tuve que adaptarme a la ética occidental.

La infancia de Anselm transcurrió entre Serengueti, Limuru y Kitengela.

¿Tu madre se dedicó a hacer vitrales en Kitengela

Sí, ella solía hacer murales pintados a mano en Limuru y un arquitecto amigo, George Vamos, le dijo que debería pensar en hacer vitrales, ya que se estaban construyendo muchas iglesias y necesitaban que alguien los realizara a nivel local. Entonces hizo un curso en Goddard and Gibbs en Londres, donde aprendió las bases del oficio. Mi madre tuvo su primer taller en la cúpula geodésica de una de nuestras cabañas en las llanuras de Kitengela.

Te formaste en Holanda en vidrio soplado. ¿Cómo fue la experiencia y qué tan fácil fue llevar la técnica a Kitengela?

Durante un tiempo, trabajé con mi mamá haciendo vitrales, pero el precio del vidrio plano importado era carísimo y solía llegar completamente destrozado. Buscamos la manera de hacer nuestro propio vidrio plano y para ello, tomé un curso en Sars Poteries donde aprendí sobre vidrio fundido de manos de los Heesens de Leerdam-Willem, una familia de maestros que solía trabajar en Leerdam Crystal hasta tener su propio estudio creativo. 

Me invitaron a volver al lugar como aprendiz y aproveché la oportunidad. Su hijo Bernard fue mi principal mentor, él me transmitió los conceptos básicos y a los tres meses regresé a Kenia con un par de maletas llenas de vidrios de color y la cabeza llena de ideas. Despejé un espacio detrás del estudio de mi madre y comencé a construir. No tenía ni idea de cómo iba a progresar pero ya no iba a detenerme. Me puse en contacto con la fábrica de botellas local y comencé a buscar refractarios. Además, Willem se acordó de un finlandés, Mikko Merikallio y tomé contacto con él. Tenía varias especialidades únicas, entre ellas hacer hornos, y un amor inquebrantable por Kenia

La relación se mantuvo y con la ayuda de Mikko abrimos una empresa de vidrio con ayuda finlandesa. Eran los  años 70 y Kenia supo ser pionero en diversas técnicas, entre ellas la técnica del aceite inyectado con vapor que pudimos empezar a usar.

Anselm Croze en su taller de soplado Kitengela Hot Glass junto a su equipo de trabajo

¿Qué impacto tiene Kitengela a nivel social y económico?

Empleamos a más de cincuenta personas, cada una de las cuales apoya directa o indirectamente a otros cinco o diez habitantes de la zona. Esto significa que impactamos en cientos de vidas todos los días. Es toda gente del lugar y hay una anécdota que vale la pena contar, por poner solo un ejemplo. Cuando uno de los artistas que colaboró con nosotros, Willem Heesen, nos visitó, se mostró asombrado de que  los sopladores de vidrio masai llegaran al trabajo y pusieran sus lanzas en la esquina del taller. Eso que para nosotros es tan natural. Dejan sus elementos y luego toman las cerbatanas , se ponen a trabajar.

Ph: @just_sham_i  –  Los sopladores kenianos continúan los caminos ancestrales y dan vida al arte, con la fuerza del fuego. El vidrio es moldeado por el aliento y se enfría solo, con ayuda del tiempo. Los artesanos producen piezas únicas que contienen la energía del lugar.

Tengo entendido que por Kitengela Hot Glass pasaron grandes sopladores…

Sí, aprendimos todo lo que sabemos gracias a la generosidad y apoyo técnico de vidrieros y artesanos capacitados. La colaboración con artistas en los talleres creativos (BushGlass) sigue vigente aun hoy, veinte años después. Algunos de ellos son, ?Willem Heesen, Mikko Merikallio, Gakunju Kaigwa, Killian Schurman, Marek Bartko, Emil Ková? y Mary Collis.

¿Cómo los afectó la llegada del Covid?

A medida que pasaban las semanas, en un momento creí que tendríamos que cerrar, y que lo que podía ser un producto de lujo iba a dejar de venderse o ser reemplazado por artículos de primera necesidad, pero trabajamos en diversos proyectos y mantuvimos la cabeza baja, siguiendo protocolos estrictos y haciendo tareas de limpieza. En ese tiempo de incertidumbre, pudimos construir el taller dalle de verre – de ladrillos de vidrio- y pusimos en funcionamiento nuestra tienda web. Me alegró descubrir que, de una manera extraña, éramos un servicio esencial: nuestros productos brindan alegría a nuestros clientes, y eso nos emociona en un momento como este. Hemos podido expandirnos principalmente gracias a nuestra asociación con Procera, una destilería local que fabrica ginebra y a la que le proveemos las botellas.

Finalmente, ¿podrás decirnos qué significa el vidrio para ti?

Magia, simplemente. Y que podamos tocar esa magia todos los días es simplemente asombroso.

Procera viene en una inolvidable botella soplada a mano, elaborada por el increíble equipo de Kitengela Hot Glass, mientras que el sorprendente tapón de madera de palma está tallado a mano por los mejores artesanos de Kenia. La belleza de la botella radica en su simplicidad: una pieza de vidrio junto a una pieza de madera -la tapa- y una pieza de cuero – sin etiqueta que oculte el arte que solo el tiempo y la pasión pueden producir.

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